13 de agosto de 2007
Los amores de Montalvo
Juan Montalvo Fiallos, polemista, ensayista y periodista de excepción, fue uno de los escritores más fecundos que ha tenido el Ecuador. Sin embargo, su entrega a las labores de la pluma, sus continuos destierros –tres en total- y su especial tendencia hacia la soledad, le impidieron llevar una vida hogareña estable y feliz. Dueño de un destino movedizo, lleno de azares y riesgos, Montalvo tuvo una vida sentimental salpicada de alegrías y sinsabores. En total tuvo cinco hijos: dos en Ambato, dos en Ipiales y uno en París. Murió el 17 de enero de 1889.
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Por Fausto Segovia Baus
La vida cotidiana de Juan Montalvo es poco conocida. La mayoría de los estudios enfatiza, como es obvio, en la obra montalvina y su trascendencia literaria, histórica y política. La faz humana del escritor ha sido relegada, a no ser por la excelente contribución brindada en los últimos tiempos por Galo René Pérez, quien publicó una biografía de Montalvo ricamente documentada.
En esta obra auspiciada por el Banco Central, hemos podido descubrir a un Montalvo de carne y hueso. A ese ser misántropo, taciturno, de presencia altiva pero con un dejo de tristeza en su mirada; a ese hombre que luchó y sufrió por sus ideales y su vocación –la de escritor- que, sin embargo, le dio satisfacciones y sinsabores y, paradójicamente, ni un solo centavo para su sustento; a ese ser que vivía siempre endeudado y perseguido por los tiranos; a ese ser enfermo –era reumático- pero que jamás declinó ante la adversidad; a ser que amó apasionadamente y no se inmutó ante los decires de la gente; finalmente, a ese ser subyugado por la pluma y que, por su condición de viajero pertinaz – casi siempre estaba con el pie en el estribo- no cumplió a cabalidad con sus deberes de esposo y padre.
HORIZONTE PERSONAL
La vida personal de Montalvo tuvo pues características muy especiales. Su condición de escritor combativo le significó una serie de penalidades frustraciones. Su ostracismo, la falta de un calor familiar genuino limitó –o definió- su horizonte personal. A esto se añadía su precario estado de salud y la falta de ingresos regulares.
Recordemos que Montalvo por su formación fue un espíritu libre. Sus escritos de libelista lo atestiguan. Aunque formado en el seminario de San Luis de los jesuitas, su amor a la lectura le llevó por caminos insospechados. De la retórica y a la filosofía, pasó fácilmente a los clásicos y luego, por decisión propia, aprendió a formar sus ideas y a expresarlas dentro de una rigurosidad suma Plutarco y Cicerón definieron tempranamente su vocación de grandeza.
Estas inclinaciones marcaron para siempre el destino de su vida y obras. Pregonó y practicó la libertad en una época signada por la tradición y las ideas religiosas. A esto se añade, según su biógrafo, que los años de estancia en Paris -su primer viaje- debieron influir en su ética del amor. Pero tampoco se podría decir que Montalvo era un libertino o proclive al erotismo desenfrenado. No. Galo René Pérez expresa que Montalvo era “moderado en los reclamos del sexo”. Incluso, recuerda el biógrafo, el desagrado con que Montalvo comentó las escenas de fornicación y el lenguaje revelador del naturalismo francés. Podríamos decir, por lo mismo, que Montalvo fue un ser humano, un hombre de su tiempo.
SU PRIMER AMOR
María Manuela Guzmán, ambateña, de 28 años de edad, fue el primer amor de Montalvo. El tenía 31 años. Sus amores tuvieron como escenario el idílico ambiente de Ficoa, en los alrededores de Ambato. Sus relaciones amorosas debieron comenzar a fines de 1863.
Esto dice de su amada en el folleto No.3 de El Cosmopolita, publicada en mayo de 1866:
“Llegas entonces, y descubro todo
ser amor y no más, Adelaida;
amor indescifrable, amor sin pago
y sin objeto, que sí solo ardía.”
“Y me pongo a adorarte al punto mismo,
si el cariño al cariño siempre excita;
porque mirarme y conturbarte era uno,
y mi mano al tocar te estremecía.”
Así era Montalvo: un hombre romántico y apasionado. Por algo escribió el propio Montalvo “Don Juan de la Flor”, un pasaje hermoso sobre el amor publicado en su Geometría Moral, en el que se trata de cuerpo entero.
Juan y María Manuela -ambos de temperamento borrascoso- mantuvieron sus amores clandestinos por algún tiempo. De este amor nació en Ambato su hijo -Juan Carlos Alfonso- bautizado el 29 de julio de 1866, como hijo natural del escritor María Manuela Guzmán.
Este hijo turbó las relaciones de la pareja, porque causó serios disgustos en la casa de los padres de María Manuela. Esta fue agredida por su herido padre y Montalvo llevó dentro de sí una amarga sensación de culpa. Montalvo habló con el padre de la joven, reconoció su culpa y abogó por ella, prometiéndole no perturbarla jamás. De este modo, los dos amantes rompieron y el rencor mutuo se apoderó de ellos.
Juan Carlos Alfonso creció junto a su madre. Montalvo retornó a su inveterada soledad y a sus viajes a Quito, en busca de editor para sus escritos. Sin embargo, por intercesión de un amigo, su hijo le era enviado con cierta periodicidad. Así se refiere Montalvo de su hijito, según galo René Pérez: “Cinco meses de edad y ya conoce a su padre: alegre, movible, ruidoso, es una tempestadcilla en mi mesa de escribir...”
Más tarde, el 7 de octubre de 1868, luego de intensos cabildeos, un año después de haber publicado en El Cosmopolita el opúsculo “Carta de un joven padre”, que es una especie de desahogo personal sobre su situación, Juan Montalvo contrajo matrimonio con su amante y madre de su primogénito.
A partir de este matrimonio se reiniciaron las visitas de Montalvo a la casa de los Guzmán. Y parecía que la pareja retornaba a su cauce. Pero la fatalidad quebró los planes de la familia. En enero de 1869, apenas tres meses después de la reconciliación y boda, Juan Montalvo fue obligado a expatriarse para evitar los arrebatos de venganza de su enemigo político, Gabriel García Moreno.
Este destierro contribuiría a la terminación de las relaciones con María Manuela, que se encontraba embarazada de otra criatura -María del Carmen Montalvo Guzmán- nacida en Ambato el 8 de mayo de 1869, a los siete meses exactos del matrimonio, lo que hace suponer que María del Carmen fue engendrada fuera del matrimonio o fue una niña sietemesina, como bien lo anota su biógrafo. A esta hija conoció Montalvo a los siete años de edad.
Sin embargo, pese a estos avatares, así recordaba Juan Montalvo a su querida María Manuela:
“Yo soy ése que tú amabas; yo soy ése que descansaba en tu regazo; yo soy ése con cuya ensortijada cabellera tus dedos se entretenían; yo soy ése de cuyo cuello te colgabas, a quien mirabas con ojos rebosantes de amor”.
María Manuela Guzmán, su esposa legítima, moriría a los 42 años, el 23 de octubre de 1882, hecho que fue ignorado por Montalvo.
SUS AMORES EN IPIALES
Ya en Ipiales -que entonces era apenas una aldea- Montalvo inició una etapa gris, de amargas incertidumbres. Su misantropía incurable se acentuó en aquellos desolados y fríos parajes colombianos. Compartía el pan de mesa ajena; sufría por la pérdida del hogar y agobiado por el destierro, no tenía otra alternativa que andar por los lomeríos y escribir.
Luego, con la ayuda de Eloy Alfaro, emprendería su segundo viaje a Europa y pisó por pocos meses tierras peruanas. Su vieja enfermedad reumática hizo estragos en su humanidad, pero decidió finalmente retornar a Ipiales.
En este pueblo sucedió algo singular, que el escritor jamás aludió, ni en cartas, ni en libros, ni en documento alguno: sus amores con una empleada de apellido Hernández que le lavaba y planchaba la ropa, con quien tuvo dos hijos ilegítimos: Adán y Visitación, hecho descrito por Oscar Efrén Reyes, y cuyos registros bautismales fueron hallados por el Dr. Fernando Jurado Noboa, según referencia de Galo René Pérez. Este concubinato lo mantuvo por varios años.
Pero lo más raro, según Galo René Pérez, y al parecer nada justificable, es que “Montalvo se encerró también en su silencio de igual carácter, de indiferencia y olvido, frente a su hija de matrimonio, María del Carmen Montalvo Guzmán, hermana menor de aquel niño ambateño -Juan Carlos Alfonso- que murió prematuramente, y la cual vivió con María Manuela y sus abuelos maternos”.
EUROPA Y SU DESTINO
Muerto García Moreno, a quien de buena gana le hubiera perdonado la vida al gran tirano, Montalvo regresó al Ecuador. Su biógrafo anota que durante su estadía en Quito (1876) tuvo pequeños contactos con sus familiares, de manera especial con su hermana monja -Isabel Adelaida del Espíritu Santo- y su pequeña María del carmen, que ya tenía siete años de edad.
Y tras la ascensión al poder de Veintimilla -a quien le dedicó la Catilinarias- con el tuvo notables discrepancias, volvió a su antiguo reducto -Ipiales-, y poco después, con la ayuda de su amigo Eloy Alfaro emprendió viaje a Panamá y más tarde a Europa, a donde llegó el 25 de septiembre de 1881. Este sería su último y definitivo viaje.
AUGUSTINE CONOUX
La suma de azares y riesgos, provocados por los continuos ocultamientos derivados de su actividad periodística y los frecuentes exilios, hicieron de Montalvo un hombre desprendido de los deberes familiares.
En París, Montalvo llevaba una vida tranquila. Escribía para el famoso diario Le Fígaro, paseaba por sus parques y avenidas, revisaba sus escritos y mantenía, eso sí, una activa correspondencia con sus amigos.
En 1883, por sugerencia de éstos, de manera especial de Emilia Pardo Bazán, Montalvo viajó a España, y en este país permaneció dos meses. En Madrid hizo amistad con Clotidina Cerdá y Bosh, hermosa mujer catalana, de 21 años, con quien mantuvo un fugaz enlace romántico. Clotidina le llamaba “Adorado Montalvo”, según confidencia de Fernando Jurado Noboa, genealogista.
Su soledad inveterada fue matizada en París con la amistad y el cariño de una campesina francesa, de atractivos innegables -Augustine Catherine Conoux-, hija de una sastre que vivía en la ciudad Luz de su profesión de modista y tareas de aseo en residencias o departamentos. Esta relación iniciada en 1882 y que duró más de seis años, fue dada a conocer por el propio escritor a su hermano, cinco meses antes de su muerte, desde su lecho, el 22 de agosto de 1888, según constancia de Galo René Pérez.
Así escribe Montalvo de su amada, cinco meses antes de su muerte: “En verdad, ella me ha salvado la vida con sus desvelos y su vigilancia. Tres meses de calentura y anonadamiento habrían sobrado para acabar conmigo la insistencia de este ángel de mi guarda. Después de seis años que vivo en familia, me ha salvado tres veces la vida por su amor por mí, y me ha dado un muchacho, Juanito, de dos años...”
De esta manera, el ciclo vital de Montalvo “polemista, ensayista, pensador y maestro insigne de la prosa castellana”, según reza en una lápida ubicada en el edificio de cinco plantas de la calle Cardinet No. 26, de la capital francesa, terminó el 17 de enero de 1889.
Su vida sentimental estuvo, como se ha descrito, determinada por los sinsabores de su condición de libelista y exiliado, que de ningún modo opaca o debilita su grandeza como hombre entregado a las letras y a los destinos más elevados de su querido país: el Ecuador. El amor al Ecuador y su destino fue el sentimiento más fuerte que predominó en la personalidad de Montalvo.
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La Patria como sentido
El tema de la Patria ha dejado de ser una construcción curricular ligada a los procesos de enseñanza-aprendizaje de Estudios Sociales o de Cívica en el ámbito escolar. Ahora la Patria es un contenido político. Está en todas partes. Al principio el lema fue “La Patria vuelve”, que incorporó sin escrúpulos la letra y música del himno “Patria”, que todos cantamos de niños y jóvenes, mientras que el eslogan de hoy “La Patria es de todos”.
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Por Fausto Segovia Baus
El himno “Patria” fue compuesto por Manuel María Sánchez y la música por Sixto María Durán, quienes, lamentablemente, no han sido reivindicados en los créditos. De las nueve estrofas de “Patria” se utilizan dos, que los escolares ecuatorianos cantan desde 1929, y que fueron reconocidas por Nicolás Jiménez como “nuestro segundo himno nacional”:
“Patria, tierra sagrada de honor y de hidalguía,/ que fecundó la sangre y engrandeció el dolor,/¡cómo me enorgullece poder llamarte mía,/mía, como a mi madre, con infinito amor!
“Por tus cruentos martirios y tus dolientes horas,/ por tus épicas luchas y tu aureola triunfal,/por tus noches sombrías y tus bellas auroras,/cúbrenos siempre ¡Oh Patria! con tu iris inmortal”.
Conceptualmente la palabra Patria viene del latín patr_a, familia o clan igual patris. La Patria, según el himno de Manuel María Sánchez, alude con fuerza a la noción secular de familia, que asocia, según el laicismo, la Patria con la madre, la Patria con el hogar. La Patria según este discurso es tan elevado como el amor a la madre, es un santuario laico, una “tierra sagrada de honor y de hidalguía, que fecundó la sangre y engrandeció el dolor”. La trama heroica de la Patria se funde en última instancia con el orgullo y la pertenencia: “¡Cómo me enorgullece poder llamarte mía!”.
La “lectura” del discurso de Correa debe contextualizarse. La Patria fue saqueada, olvidada y utilizada por las mafias –según Correa-; en otros términos, por la derecha. Ahora, la Patria “vuelve”, es decir, es la esperanza, el cambio que se avecina y la recuperación de la soberanía, con el socialismo del siglo XXI.
El pueblo y la Patria se incorporan en el discurso de Correa para confrontar a los que supuestamente destruyeron al país. Este ánimo contestatario se enmarca dentro de una lógica política que sitúa a los unos con la partidocracia y el pasado, y a los otros -su gobierno- con el cambio y el futuro. Para ello sacraliza a la Patria mediante un concepto unidimensional de Patria que, antes de integrar o incluir, excluye a los que no están de acuerdo, a quienes los afilia a la corrupción y al pasado. Este sentido de Patria puede ser un sesgo peligroso, aún cuando se repita con insistencia que “la Patria ya es de todos”. ¿De todos los que aplauden el discurso unívoco de Correa?
La Patria es mucho más que un discurso excluyente o un sentimiento patriotero. Por lo tanto, no agrada el uso abusivo de los símbolos patrios.
Digámoslo claro: el irrespeto es general. Nadie respeta lo que significa la Patria y sus valores, porque todo se ha banalizado y manipulado en nombre de la oportunidad, ahora con el apoyo de la mediática.
Lamentablemente –y hay que denunciarlo- es el propio gobierno el que utiliza una de las canciones patrias más emblemáticas “!Patria, tierra sagrada!” que, con fervor, todos, sin excepción, la hemos cantado desde niños en momentos especiales como la Jura de la Bandera y cuando recordamos hechos heroicos como la Batalla del Pichincha, la Batalla de Tarqui y la victoria de El Cenepa, entre otras celebraciones. Las Fuerzas Armadas del Ecuador en sus gallardos desfiles cantan “!Patria, tierra sagrada!”, y la han incluido en discos de la milicia, CDS, videos junto al Himno Nacional.
Por esta razón causa mucha pena, por decir lo menos, que el gobierno y los patrocinadores de la campaña a favor de la asamblea, menoscaben este patrimonio cívico de los ecuatorianos. No es posible que las canciones del Ecuador sean usadas para propósitos políticos coyunturales, en menoscabo de ese patrimonio. Los ciudadanos y ciudadanas de bien no podemos aceptar este desacato y ofensa a la dignidad de la Nación, y exigimos una inmediata rectificación.
Por último, los niños y niñas del Ecuador constituyen la reserva moral del Ecuador, por lo que resulta un acto antidemocrático imponer una o varias canciones cívicas, en el medio escolar, como parte de una estrategia publicitaria del gobierno, con propósitos políticos partidistas.
Basta de autoritarismos.
Las promesas electorales
La campaña electoral para elegir a 130 asambleístas comenzará hoy, 13 de agosto, y finalizará el 27 de septiembre. La Asamblea Nacional Constituyente, promovida por el presidente Rafael Correa, y que debe transformar las instituciones del Estado y redactar una nueva Carta Magna, fue aprobada con el apoyo del 82 por ciento de votos el pasado 15 de abril en una consulta popular.
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Por Fausto Segovia Baus
De acuerdo con el estatuto, 100 de los representantes serán elegidos por circunscripciones provinciales, 24 por una circunscripción nacional única y 6 entre los residentes en el extranjero, dos de los que viven en Europa, otros dos de EEUU y Canadá, y los dos restantes en países de América Latina.
El período previo a la campaña oficial ha sido fuertemente cuestionado por la opinión pública, que ha observado numerosas infracciones de candidatos del partido del gobierno, quienes acompañaron al Presidente en varias inauguraciones e inspecciones de obras, expresamente prohibidas por el estatuto vigente. Entretanto, el TSE de mayoría gobiernista no pasó del exhorto, que demostró una vez más la debilidad institucional del Ecuador frente a excesos comprobados por todos los medios de comunicación y desmentidos por el régimen.
El pueblo ecuatoriano en este lapso recibirá una verdadera avalancha de promesas, a través de mensajes pagados por el Estado y difundidos por diferentes medios masivos. Será la preparación para escoger a los mejores ciudadanos y ciudadanas, y sobre todo a quienes presenten propuestas viables.
La elección no será fácil, aun cuando cada elector vaya con una “ayuda memoria”, pues, de acuerdo a los pilotajes realizados por el TSE la “sábana” que recibiremos será tan grande, que la gente bien preparada y letrada necesitará al menos cinco minutos. Esto en la parte formal, y en la de fondo debemos ser optimistas en principio, aunque la incertidumbre llena el panorama electoral.
Veamos algunos escenarios: 1) el Presidente Correa obtiene una mayoría afín a su proyecto político. La Asamblea de plenos poderes podría dar por terminado el período del Congreso, y comenzar en el Ecuador una etapa de autoritarismo. Esta posibilidad es real, pero tiene riesgos; 2) el Presidente no obtiene mayoría; por lo tanto, no podría realizar las reformas anunciadas. La confrontación podría generar una crisis generalizada; 3) las fuerzas políticas, económicas y sociales formulan un acuerdo nacional, y como resultado surge un proyecto político nuevo, diferente y de concertación nacional.
Por eso, las promesas electorales deben impedir los extremismos, de izquierda o de derecha, y ofrecer cambios que estén mediados por el sentido común y la realidad. En esa línea de pensamiento un acuerdo nacional es urgente.
27 de julio de 2007
Jefferson Pérez: ejemplo de constancia
Sí, el nuevo triunfo de Jefferson Pérez en los Juegos Panamericanos no es producto de la improvisación; es el resultado de la honradez deportiva, del entrenamiento organizado, de la disciplina y la constancia, en función de metas claras. ¡Qué lecciones más hermosas que nos ha dado este deportista!
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Por Fausto Segovia Baus
Nacido de una familia cuencana -y no digo humilde, como dicen muchos porque ser pobre no es un baldón o afrenta-, Jefferson Pérez nos ha enseñado a amar al deporte, como expresión de una actividad saludable y, sobre todo, de un trabajo en equipo donde la solidaridad, la estrategia y el esfuerzo han sido sus valores permanentes.Pero más allá de las preseas -muchas de ellas doradas, en el ámbito mundial y regional- está su actitud frente a la vida, el proyecto de este hombre luchador, que no se amilana ante los obstáculos, ante el dolor y logra sus objetivos con sacrificio, prácticamente al límite de su resistencia física. Y cuando llega a la meta duramente conseguida, lo primero que ha hecho es cobijarse con la bandera nacional.
¡Jefferson Pérez es un ícono, un referente inigualable, sencillo en el triunfo y humano en la derrota, al reconocer con hidalguía el esfuerzo ajeno!
Tengo la impresión que el Ecuador ha sido ingrato con Jefferson Pérez. Si bien los lauros de este plusmarquista mundial, en alguna medida, nos pertenecen hay que reconocer que nuestro país ha llegado a las vitrinas más altas del deporte de alta competencia, gracias a la dedicación, compromiso y trabajo individuales. Por eso, su mérito es mayor y la gratitud podría expresarse de muchas maneras y no necesariamente a través de monumentos -que ya los tiene-, medallas -la colección es notable- o pergaminos -que ya sobran en las paredes y archivos.
En esta oportunidad me permito proponer a la Cancillería que designe a Jefferson Pérez como diplomático itinerante del Ecuador, y con el auspicio de la UNICEF y/o la UNESCO, represente a los niños del Ecuador y del mundo en un proyecto en favor de la eliminación de la pobreza, la exclusión y la inequidad.
Recordemos que el Ecuador tiene en Jefferson Pérez un raro ejemplo de constancia, de búsqueda de identidad, motivación y de fortaleza física y ética, que supera las fronteras territoriales.La razón es obvia: antes de cualquier designación -por relevante que sea- Jefferson Pérez ya ha llenado las páginas de los periódicos de todo el mundo, de todas las páginas web del mundo, de todas las revistas deportivas del mundo.
Sería, por lo tanto, un paso efectivo que, más que un galardón que ya no lo necesita, convertiría al deportista en un ciudadano universal, y en tal condición en un verdadero trotamundos, ya no sólo en las calles y escenarios deportivos donde ha conseguido varias veces la gloria, sino un luchador contra las causas de la pobreza y todas las patologías sociales.
22 de julio de 2007
Democracia liberal versus Democracia ciudadana
La ortodoxia considera que la democracia es el conjunto de procedimientos para elegir gobernantes. Esta teoría elitista de la política es cuestionada por la teoría participativa que, sin salirse del enfoque institucional, intenta recuperar la acción política para los ciudadanos, pero dentro del ámbito del Estado y sus instituciones.
Por Fausto Segovia Baus
Un modelo distinto de concebir la política y hacer política se orienta a desestatizar la política, en el sentido que los asuntos públicos, en esencia, conciernen no solo exclusiva y excluyentemente al Estado, como plantea la teoría tradicional, sino a la sociedad civil.
Dos corrientes
En general se visualiza dos grandes corrientes: las democracias liberables que padecen una grave crisis de representatividad, y la sociedad civil, que busca denodadamente espacios que intentan resolver el dilema de los que creen -y hay muchas razones para ello- que la política equivale a corrupción, es decir, a una perversión de lo político.
Si la política es “materialmente de nadie y potencialmente de todos”, está en los sujetos concretos y no en algunas instituciones -virtualmente desacreditadas- la construcción de una democracia posible. ¿Qué hacer entonces para lograr que ese “privatismo apolítico”, esto es, aquel en el que el individuo se refugia en lo privado, sin ningún contacto con lo social ni con lo político, tenga una salida hacia una participación real en las cuestiones que interesan a todos?
La respuesta no es fácil, porque este tipo de individuo -ensimismado y sin proyección histórico-social- está, en cierto modo, favorecido por el sistema que sacraliza el voto (El voto es igual a democracia, lo cual es un sofisma, porque el sufragio no pasa de ser para muchos un mero ejercicio formal de elección a cambio de un certificado). Otra razón es que los llamados políticos profesionales nos tratan en época de elecciones como infantes o clientes, donde las demandas de los ciudadanos no aparecen.
La alternativa
La alternativa, a contrapelo de las tendencias privatistas, es proponer la solidaridad como esencia de la democracia, sobre la base de animar la participación efectiva; no la manifestación ni el griterío, sino la generación de propuestas y acciones que ayuden a creer y crear oportunidades para construir un mejor Ecuador.
Pero la solidaridad no basta, según Jesús Martín Barbero: “Tenemos una cultura política trasplantada que se condensó en instituciones formales necesarísimas, pero profundamente ajenas, distanciadas de los modos de ver, de sentir, de decir, de estos países”. Así, los partidos tradicionales no sintonizaron con la cultura política del pueblo y se produjo una especie de simulación, que dio origen a los populismos puramente gestuales, sin contenidos y definitivamente antidemocráticos y antisociales.
El resultado no pudo ser más cruel: la democracia se volvió insignificante, en términos de participación de los bienes sociales. Y el populismo -que sigue vivo- tuvo la ventaja de “conectarse” con la cultura política del pueblo, mientras en la otra orilla, la hegemonía del discurso ortodoxo e intelectual, convirtió a los ciudadanos en audiencias y públicos. En ambos casos la participación ciudadana quedó en el limbo, pero al menos la Carta Magna lo regula.
El despertar de la sociedad civil
La expresión sociedad civil tiene diversas connotaciones. En lo conceptual es un grupo humano constituido por ciudadanos y ciudadanas, libres e iguales, que participan, asumiendo derechos y obligaciones, en la construcción del bien común. A diferencia de la sociedad armada, la sociedad civil es deliberante y actúa dentro de los espacios regulados por las leyes, en ámbitos del desarrollo humano y social.
La participación ciudadana es entonces una respuesta creativa frente al desgaste de los mecanismos de representación formal, porque intenta una acción directa de representación política sobre la base del reconocimiento de las diversidades políticas y culturales.
Los objetivos serían: lograr ese reconocimiento y buscar nuevas mediaciones y sensibilidades que ayuden a convocar y a aprender; a buscar soluciones antes que a recurrir a la queja, el lamento o la culpabilización; a integrar a todos, sin excluir a nadie, en la búsqueda de cumplir y hacer cumplir los deberes y responsabilidades ciudadanas, antes que el ejercicio de derechos.
Algunas preguntas
Los pueblos tienen los políticos que se merecen. ¿Los pueblos tienen los políticos que se merecen? ¿Qué tanto nos representan? ¿Nos sentimos reflejados en ellos? ¿Sentimos que ellos nos van a permitir prosperar y vivir seguros? ¿Los sentimos personajes dignos o meros oportunistas en busca de poder?
La democracia es, también, un proceso de aprendizaje, un ajuste tenso entre las necesidades sociales y los intereses partidistas. ¿Qué nos toca hacer? Presionar todo el tiempo, exigir transparencia y equilibrio de poderes, imponer procesos de rendición de cuentas. Nos toca, en pocas palabras, ciudadanizar el poder, concluye Fernando García Ramírez.
Elogio de la cordura
Erasmo de Rotterdam, humanista insigne, escritor y erudito holandés (1468-1536), que en la Educación de un Príncipe expuso los deberes de un jefe de Estado, en su obra más conocida El Elogio de la Locura recreó una historia singular, con intencionada sátira, profundidad de idea y amenidad de concepto. Una reflexión para cambiar el Ecuador.
Por Fausto Segovia Baus
La razón es muy simple: “El número de locos es infinito” y ni siquiera se salvan los dioses. La Locura es hija de Pluto, único padre de los dioses y los hombres, que le hizo nacer de la más hermosa y graciosa de las ninfas, la Juventud. Le criaron a sus pechos la Embriaguez y la Ignorancia, y son sus compañeras Filaucia (amor de sí mismo), la Lisonja, el Olvido, la Pereza, la Voluptuosidad, la Ligereza, la Molicie, Como (dios de los festines) y el Sueño Letárgico.
En el discurso de la Locura, Erasmo prueba la tesis que todos estamos dementes en este mundo y que la Locura se encuentra en todas partes. Incluso el matrimonio, que es hijo de la Ligereza, tiene algo de Locura, y por supuesto la política, que tiene mucho de sabiduría, de amor propio, de placer –la salsa de la Locura- y naturalmente de gula.
Erasmo distingue dos tipos de Locura: “Una vomitada por los infiernos... para encender en el corazón de los mortales el ardor de la guerra, la sed insaciable del oro, de vergonzosos y criminales amores... y la otra, que emana positivamente, que es muy distinta de la primera y es el mayor bien que se puede anhelar. Ella se produce cada vez que una dulce ilusión liberta el alma de los cuidados ardientes y la sumerge en un océano de delicias...” La segunda sería entonces la más cuerda de todas las locuras.
La vigencia de la Locura de Erasmo de Rotterdam es manifiesta, pese a que fue escrita hace más de cuatro siglos. Las palabras de Erasmo parecen recuperar sentido, cuando la ironía se acerca más a la realidad que a la ficción literaria.
El poder del Príncipe, ese poder solitario, dotado de solemnes veleidades, yace débil en el trono viajero y gobierna a sus súbditos bajo la égida de una razón de Estado, aunque haya perdido el rumbo por la conspiración, por la deuda eterna que succiona el presupuesto, por el 60% de pobres descritos en el informe del BID, por los gritos de los jubilados y otros gentiles que no entienden de macroeconomía, la baja de la inflación y la mejora de las exportaciones. En tanto los tribunos y los intocables deudores del fisco, insaciables por el oro, luchan indecorosamente después de un ataque de gula.
Hagamos entonces un paréntesis, una tregua con la bendición de las virtudes teologales para escribir, al unísono, un nuevo tratado, un gran best-seller, sin ápice de cinismo: El elogio de la cordura.
9 de julio de 2007
El "sexo débil" es fuerte
La ciudadanía es un concepto y una praxis que alude a la persona humana como totalidad. El género no cuenta, porque hombres y mujeres, desde el punto de vista ontológico, somos iguales en dignidad, derechos y obligaciones correlativas. Es necesario insistir en la integración de la mujer, sobre la base de equidad de género, para construir ciudadanía plena.
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Por Fausto Segovia Baus
La discriminación de las mujeres ha sido un problema recurrente en la humanidad. El hombre –el varón- en mucho tiempo fue considerado como un ser superior, dotado de fuerza y talento, mientras la mujer –la hembra- se le confinó a la casa, a los quehaceres domésticos y al cuidado de los hijos.
Esta etapa ha sido ventajosamente superada, no cómo dádiva a las mujeres sino como derecho propio, que va, ciertamente, más allá de una disposición constitucional o legal. La verdadera ciudadanía, es decir, la que parte del respeto irrestricto de los derechos humanos, no puede concebirse sin un tratamiento igualitario de hombres y mujeres. En efecto, la igualdad ante la ley, que es una garantía constitucional, se perfecciona en la medida que en las prácticas sociales, económicas, políticas y culturas se manifiesten en actitudes, valores y comportamientos verificables.
Pero mucho camino existe por recorrer. En algunos ámbitos del quehacer colectivo, las mujeres son discriminadas. Y se da, lamentablemente, el caso que en los propios hogares, las mujeres viven en situación de desventaja psicológica, moral y económica, e inclusive maltratos de diferente tipo que inciden en su desarrollo personal y el de sus hijos.
El tema de la ciudadanía y su relación con la equidad de género es importante, porque constituye uno de los pilares donde se afirma la democracia. ¿De qué democracia podemos hablar, si “casa adentro” la mujer no tiene igualdad de oportunidades y su actividad no está suficientemente valorada por el mundo masculino? Si bien algo ha avanzado es urgente establecer estrategias para que la “inclusión” de las mujeres se dé en forma progresiva.
Según la Constitución todos, sin excepción, somos ciudadanos. No existen ciudadanos de primera ni ciudadanos de segunda, Peor diferencias en relación con los sexos. Esta afirmación lo hacemos con la convicción que es necesario reivindicar a la mujer como un ser humano que merece respeto, consideración y amor. Y porque quien dignifica a la mujer dignifica a la humanidad.
La mujer desde tiempos inmemoriales ha sido discriminada, subyugada, maltratada y usada como objeto sexual. Esta situación que parecería superada todavía se advierte en diferentes niveles de la sociedad ecuatoriana, en el tercer milenio.
Así, la discriminación en el trabajo todavía subsiste. En muchas empresas, por ejemplo, no se cumple el principio: a igual trabajo, igual remuneración, independientemente del sexo. También la situación de la mujer en la ciudad es diferente en el campo. En ambos casos, su papel está “atravesado” por la cultura, que está generalmente tiene el predominio del denominado “sexo fuerte”.
Sin embargo, en muchas ocasiones las mujeres han demostrado que no son el “sexo débil”. Gracias a su capacidad y decisión las mujeres laboran en diferentes ambientes y escenarios, antes exclusivamente reservados a los hombres. Y esta actitud ha sido saludable para la sociedad, aunque, en ocasiones, la formación de los hijos y, en general la familia se ha afectado de acuerdo con algunas investigaciones.
La mujer ha sido discriminada en el trabajo, y en otros ámbitos como en la política, la educación, la ciencia y en otros campos. La lucha de las mujeres dio sus frutos. Ahora las mujeres tienen garantías, derechos y deberes igual que los hombres. Se mantiene, empero, la violencia intra familiar y todo tipo de maltrato: psicológico o emocional, físico y sexual. Las oficinas de protección de las mujeres y los juzgados para tratar estos casos, no han mitigado las causas de este problema.
La participación ciudadana de las mujeres crece año tras año, y no solo cuando se presenta una elección. Ahora las mujeres hacen opinión pública favorable, generan proyectos alternativos y en casos ejercen funciones públicas y privadas relevantes.
Este nuevo papel de la mujer debe avanzar en la línea, no de competencia con el varón, sino como complemento de aquél. En este sentido, la incorporación en el currículo de la educación básica, de mensajes que privilegien la equidad entre de género es muy positivo. La agenda de la sociedad, en relación a la igualdad jurídica y de oportunidades para mujeres y hombres, por lo tanto, debe superar las declaraciones e, incluso, las leyes que quedan muchas de ellas en el papel.
Es urgente articular una visión compartida y comprometida de hombres y mujeres para cambiar las estructuras de injusticia.